Dice que cuando empezó a escribir se consideraba a las mujeres como parte de un subgrupo que era el de la literatura femenina, expresión que siempre le resultó ridícula. En esos años, tenía veinte, le hicieron una entrevista para un suplemento del diario La Razón.
—Entre otras cosas me preguntaron: ¿cómo escriben las mujeres? ¿Qué leen las mujeres? ¿Qué sienten las mujeres? Me sentí un chimpancé. Apenas podía dar cuenta de mí misma y me parecía un disparate tener que dar cuenta de las mujeres. Y pensé: "A ningún hombre escritor le preguntarían una cosa tan idiota como qué escriben los varones y que leen los varones". Ahí me di cuenta de que ser mujer y escritora, si bien no era un problema para mí, era un problema para los demás—.
De esa indignación salió su ensayo Las hermanas de Shakespeare para El Escarabajo de Oro. Texto que años más tarde corrigió al ver cómo las jóvenes escritoras arremetían con todo para ser parte de la literatura argentina.
Heker dice en Las hermanas de Shakespeare: "Para que se entienda: cambiemos por un momento femenino por homosexual. ¿Sería lícito, y sobre todo, sería inocente, hablar de literatura homosexual? La calificación sólo se justificaría si se estuviera estudiando de manera específica la incidencia de la homosexualidad en la escritura (estudio que podría aportar algo al conocimiento de la homosexualidad, no al de la literatura)".
—Lo femenino y lo masculino no son atributos literarios. Nadie nos tiene que conceder el permiso para hacer buena literatura. Una escribe, opina, polemiza, forma parte de la literatura de "prepo". Desde adentro se cambian las cosas—.
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Dice que cuando empezó a escribir se consideraba a las mujeres como parte de un subgrupo que era el de la literatura femenina, expresión que siempre le resultó ridícula. En esos años, tenía veinte, le hicieron una entrevista para un suplemento del diario La Razón.
—Entre otras cosas me preguntaron: ¿cómo escriben las mujeres? ¿Qué leen las mujeres? ¿Qué sienten las mujeres? Me sentí un chimpancé. Apenas podía dar cuenta de mí misma y me parecía un disparate tener que dar cuenta de las mujeres. Y pensé: "A ningún hombre escritor le preguntarían una cosa tan idiota como qué escriben los varones y que leen los varones". Ahí me di cuenta de que ser mujer y escritora, si bien no era un problema para mí, era un problema para los demás—.
De esa indignación salió su ensayo Las hermanas de Shakespeare para El Escarabajo de Oro. Texto que años más tarde corrigió al ver cómo las jóvenes escritoras arremetían con todo para ser parte de la literatura argentina.
Heker dice en Las hermanas de Shakespeare: "Para que se entienda: cambiemos por un momento femenino por homosexual. ¿Sería lícito, y sobre todo, sería inocente, hablar de literatura homosexual? La calificación sólo se justificaría si se estuviera estudiando de manera específica la incidencia de la homosexualidad en la escritura (estudio que podría aportar algo al conocimiento de la homosexualidad, no al de la literatura)".
—Lo femenino y lo masculino no son atributos literarios. Nadie nos tiene que conceder el permiso para hacer buena literatura. Una escribe, opina, polemiza, forma parte de la literatura de "prepo". Desde adentro se cambian las cosas—.