El libro reconstruye la historia del mural Ejercicio plástico que el artista mexicano David Alfaro Siqueiros pintó para Natalio Botana, el director del diario Crítica, en la quinta Los Granados, en Don Torcuato.
¿Cuándo conoció Natalio Botana a David Alfaro Siqueiros? Puede haber sucedido durante la presencia del pintor en Buenos Aires (1929) para participar del Primer Congreso de Partidos Comunistas. No conocemos los movimientos de Siqueiros durante sus viajes. Sus propios recuerdos no son de fiar. Quizás miente, como hace cualquier persona que dicta o escribe una autobiografía, quizás en una vida tan tumultuosa, confunde cronologías; era un artista, era un militante, era un provocador, era --probablemente-- el agente de un país extranjero (la Unión Soviética), ¿por qué iba a contar la verdad, aun si tal cosa existiese? Toda vez que pertenecía a la estructura profesional de la Internacional Comunista sin por ello dejar de ser un artista reconocido en el mundo, sus movimientos a veces eran públicos y notorios y a veces sigilosos. Oficialmente, el Partido Comunista Mexicano había expulsado a Siqueiros en 1930 alegando que había dejado a su esposa por otra mujer, Blanca Luz Brum. Siqueiros habla abundantemente de ello en sus memorias. Se ha dicho con lógica, y los movimientos de Siqueiros en el Río de la Plata durante 1933 lo confirman, que la expulsión fue una tapadera del Partido para que el pintor pudiese circular con más comodidad en los ambientes y latitudes en que se movía.
Natalio Botana estaba atentísimo a los hechos que sucedían a su alrededor, a las personas que pasaban por Buenos Aires. El mundo de la plástica, como el de la literatura, como el del teatro, como el de la política nacional e internacional, no le era ajeno. Véase por ejemplo, cómo conoció a Emilio Pettoruti un día de 1927, según lo ha contado el pintor. "En uno de mis encuentros con Leonardo Estarico, éste me dijo que era portador de un mensaje de Natalio Botana, director del diario Crítica, quien deseaba conversar conmigo. En el día y la hora convenidos llegué al diario, por entonces todavía en la calle Sarmiento. Era una de esas tardes tórridas de primavera avanzada que la humedad hace insoportable. Las escaleras rebosaban gente; me abrí paso hasta el primer piso y allí enfrenté al cancerbero del famoso director, el Negro Cipriano; sin preguntarme quién era ni a qué venía, me adelantó que el jefe no estaba pero apenas le dije que mi nombre era Pettoruti, me abrió la puerta. Cómodamente sentado en un sillón, leyendo, se encontraba Botana, personaje del que se hacía lenguas medio Buenos Aires; vestía una amplia camisa de seda blanca y tenía una pistola en el cinto. Me recibió con gran cordialidad y empezó la charla; diez minutos después llamó a su Negro para advertirle que no estaba para nadie, hasta que yo partiese. Cayó la noche y seguíamos conversando. Me encontré con un hombre muy particular, interesantísimo, lleno de preocupaciones literarias y otras, que tenía bien poco en común con el retrato que de él se hacía. Se hallaba al corriente de todas las novedades en materia de literatura y me hizo muchas preguntas sobre el ambiente artístico europeo, parangonado con el argentino, interesándose por saber qué encontraba en este último susceptible de ser cambiado. Al despedirnos, me tomó afectuosamente del brazo y me dijo: ´Crítica, como usted lo sabe, es un diario leído por todo el mundo; pues bien, Crítica es suyo; escriba cuanto quiera y como quiera´"...... (Diario La Nación)
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El libro reconstruye la historia del mural Ejercicio plástico que el artista mexicano David Alfaro Siqueiros pintó para Natalio Botana, el director del diario Crítica, en la quinta Los Granados, en Don Torcuato.
¿Cuándo conoció Natalio Botana a David Alfaro Siqueiros? Puede haber sucedido durante la presencia del pintor en Buenos Aires (1929) para participar del Primer Congreso de Partidos Comunistas. No conocemos los movimientos de Siqueiros durante sus viajes. Sus propios recuerdos no son de fiar. Quizás miente, como hace cualquier persona que dicta o escribe una autobiografía, quizás en una vida tan tumultuosa, confunde cronologías; era un artista, era un militante, era un provocador, era --probablemente-- el agente de un país extranjero (la Unión Soviética), ¿por qué iba a contar la verdad, aun si tal cosa existiese? Toda vez que pertenecía a la estructura profesional de la Internacional Comunista sin por ello dejar de ser un artista reconocido en el mundo, sus movimientos a veces eran públicos y notorios y a veces sigilosos. Oficialmente, el Partido Comunista Mexicano había expulsado a Siqueiros en 1930 alegando que había dejado a su esposa por otra mujer, Blanca Luz Brum. Siqueiros habla abundantemente de ello en sus memorias. Se ha dicho con lógica, y los movimientos de Siqueiros en el Río de la Plata durante 1933 lo confirman, que la expulsión fue una tapadera del Partido para que el pintor pudiese circular con más comodidad en los ambientes y latitudes en que se movía.
Natalio Botana estaba atentísimo a los hechos que sucedían a su alrededor, a las personas que pasaban por Buenos Aires. El mundo de la plástica, como el de la literatura, como el del teatro, como el de la política nacional e internacional, no le era ajeno. Véase por ejemplo, cómo conoció a Emilio Pettoruti un día de 1927, según lo ha contado el pintor. "En uno de mis encuentros con Leonardo Estarico, éste me dijo que era portador de un mensaje de Natalio Botana, director del diario Crítica, quien deseaba conversar conmigo. En el día y la hora convenidos llegué al diario, por entonces todavía en la calle Sarmiento. Era una de esas tardes tórridas de primavera avanzada que la humedad hace insoportable. Las escaleras rebosaban gente; me abrí paso hasta el primer piso y allí enfrenté al cancerbero del famoso director, el Negro Cipriano; sin preguntarme quién era ni a qué venía, me adelantó que el jefe no estaba pero apenas le dije que mi nombre era Pettoruti, me abrió la puerta. Cómodamente sentado en un sillón, leyendo, se encontraba Botana, personaje del que se hacía lenguas medio Buenos Aires; vestía una amplia camisa de seda blanca y tenía una pistola en el cinto. Me recibió con gran cordialidad y empezó la charla; diez minutos después llamó a su Negro para advertirle que no estaba para nadie, hasta que yo partiese. Cayó la noche y seguíamos conversando. Me encontré con un hombre muy particular, interesantísimo, lleno de preocupaciones literarias y otras, que tenía bien poco en común con el retrato que de él se hacía. Se hallaba al corriente de todas las novedades en materia de literatura y me hizo muchas preguntas sobre el ambiente artístico europeo, parangonado con el argentino, interesándose por saber qué encontraba en este último susceptible de ser cambiado. Al despedirnos, me tomó afectuosamente del brazo y me dijo: ´Crítica, como usted lo sabe, es un diario leído por todo el mundo; pues bien, Crítica es suyo; escriba cuanto quiera y como quiera´"...... (Diario La Nación)