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Alma es de origen dominicano, sueña con vivir en el Lower East Side y tiene un culazo que parece existir en una cuarta dimensión, más allá de sus jeans.


Magda es una auténtica nativa de Nueva Jersey: pequeña, con unos ojazos verdes y unos rizos negros en los que te puede desaparecer la mano.


Nilda es una dominicana de Nueva Jersey con el pelo superlargo, como las muchachas pentecostales, y un busto increíble. Estoy hablando de world-class.


Así es como la pierdes es un libro sobre mujeres que quitan el sentido, y sobre el amor y el ardor. Y sobre la traición, porque a veces traicionamos lo que más queremos. También es un libro sobre el suplicio que pasamos después -los ruegos, las lágrimas, la sensación de estar atravesando un campo de minas- para intentar recuperar lo que perdimos. Aquello que creíamos que no queríamos, que no nos importaba.


Estos cuentos nos enseñan las leyes fijas del amor: que la desesperanza de los padres la acaban sufriendo los hijos, que lo que les hacemos a nuestros ex amantes nos lo harán inevitablemente a nosotros, y que aquello de «amar al prójimo como a uno mismo» no funciona bajo la influencia de Eros. Pero, sobre todo, estos cuentos nos recuerdan que el ardor siempre triunfa sobre la experiencia, y que el amor, cuando llega de verdad, necesita más de una vida para desvanecerse.

Así es como la pierdes (usado) - Junot Díaz

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Alma es de origen dominicano, sueña con vivir en el Lower East Side y tiene un culazo que parece existir en una cuarta dimensión, más allá de sus jeans.


Magda es una auténtica nativa de Nueva Jersey: pequeña, con unos ojazos verdes y unos rizos negros en los que te puede desaparecer la mano.


Nilda es una dominicana de Nueva Jersey con el pelo superlargo, como las muchachas pentecostales, y un busto increíble. Estoy hablando de world-class.


Así es como la pierdes es un libro sobre mujeres que quitan el sentido, y sobre el amor y el ardor. Y sobre la traición, porque a veces traicionamos lo que más queremos. También es un libro sobre el suplicio que pasamos después -los ruegos, las lágrimas, la sensación de estar atravesando un campo de minas- para intentar recuperar lo que perdimos. Aquello que creíamos que no queríamos, que no nos importaba.


Estos cuentos nos enseñan las leyes fijas del amor: que la desesperanza de los padres la acaban sufriendo los hijos, que lo que les hacemos a nuestros ex amantes nos lo harán inevitablemente a nosotros, y que aquello de «amar al prójimo como a uno mismo» no funciona bajo la influencia de Eros. Pero, sobre todo, estos cuentos nos recuerdan que el ardor siempre triunfa sobre la experiencia, y que el amor, cuando llega de verdad, necesita más de una vida para desvanecerse.

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