No amaba a Catherine Barkley, ni se le ocurría que pudiera amarla. Aquello era como el bridge, un juego donde te largas a hablar en vez de manejar las cartas. Eso pensaba el teniente americano Frederic Henry, conductor de ambulancias en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial, al poco de conocer a esta bella enfermera británica. Lo que parecía un juego se convirtió en pasión intensa, mientras la guerra lo arrasaba todo y los hombres desfilaban bajo la lluvia, agotados y hambrientos, sin pensar más que en huir de la muerte.
Inspirada en las vivencias de Hemingway, Adiós a las armas es ya un clásico de la literatura universal y uno de los mejores retratos de la voluntad humana.
«Un libro precioso, conmovedor y lleno de humanidad.»
Vita Sackville-West
«El escritor estadounidense más célebre desde Mark Twain: con él la literatura yanqui entró en una nueva dimensión.»
Jaime G. Mora, ABC
«Su paleta era increíblemente amplia, y exquisita y violenta y brutal y fea, era todas esas cosas. Con todos sus defectos, con todas las dificultades, su vida personal o lo que sea, parecía entender al ser humano.»
Michael Katakis
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No amaba a Catherine Barkley, ni se le ocurría que pudiera amarla. Aquello era como el bridge, un juego donde te largas a hablar en vez de manejar las cartas. Eso pensaba el teniente americano Frederic Henry, conductor de ambulancias en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial, al poco de conocer a esta bella enfermera británica. Lo que parecía un juego se convirtió en pasión intensa, mientras la guerra lo arrasaba todo y los hombres desfilaban bajo la lluvia, agotados y hambrientos, sin pensar más que en huir de la muerte.
Inspirada en las vivencias de Hemingway, Adiós a las armas es ya un clásico de la literatura universal y uno de los mejores retratos de la voluntad humana.
«Un libro precioso, conmovedor y lleno de humanidad.»
Vita Sackville-West
«El escritor estadounidense más célebre desde Mark Twain: con él la literatura yanqui entró en una nueva dimensión.»
Jaime G. Mora, ABC
«Su paleta era increíblemente amplia, y exquisita y violenta y brutal y fea, era todas esas cosas. Con todos sus defectos, con todas las dificultades, su vida personal o lo que sea, parecía entender al ser humano.»
Michael Katakis