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Hombre de Color es un paladín de zona oeste que se desenvuelve entre lo hogareño y el gris desvencijado de la Rosario lejana a las campañas electorales.

Su fecha de nacimiento oficial data de algún momento del 2014, como un alien lofi que aterrizó en Rosario y tuvo la necesidad urgente de compartir unos temas con cualquier terráqueo que esté dispuesto a prestar atención. En términos reales, la historia va más allá y data de treinta y seis años atrás, cuando el pequeño Jota nació en una casa con algunos discos y una guitarra familiar.

Pero este libro le pertenece a Hombre de Color, por eso mejor no desviarse del curso correspondiente.

Volviendo a sus canciones, podemos decir que cada una de ellas (más de cuarenta) habitan un plano donde lo íntimo se ralentiza mientras la mirada y el corazón hacen canciones mediante los dedos que rasguean en una guitarra algo castigada.

Lo entrañable encuentra otra velocidad en el cancionero de Hombre de Color. Sus canciones son postales abundantes que día a día nos rodean sin que nadie tome nota. Suceden a velocidad regular, a un ritmo promedio al que marchamos incapaces de rebelarnos. Ahí es donde Hombre de Color se vuelve irresistible y poderoso. Es un archivo sonoro que da fe sobre dos amantes que se toman de la mano entre fichines de gloria venida a menos. Es un pescador de momentos en vigilia constante por el instante perfecto.

Mientras todo el mundo se va a dormir, Hombre de Color no puede. Cuando finalmente logra conciliar el sueño, se hunde en sueños de venganza por esx chicx de Vietnam que lo hizo emocionar hasta las lágrimas. Es el último héroe en pie que pide acabar de una buena vez con la cerveza artesanal. Sabe que está noqueado y lleno de moretones, resistiendo, yendo contra la corriente, con la certeza que todo será difícil pero que no está solo, porque Adriana está a su lado. En su esquina también está el chino de su barrio, un amigue con el que siempre puede contar (al igual que la televisión dominguera, cuanto más nostálgica y ochentosa, mejor).

Tan desfachatado como certero en el uso de las palabras, se reconoce en Hombre de Color a un hit maker de lo cotidiano; un trovador perteneciente a un mundo ordinario, ocre y gris pero repleto de maravillas coloridas para quien sabe observarlas y hacerlas canción.


La edición del libro pone en perspectiva una discografía lofi desperdigada entre LPs, EPs, y simples distribuidos por Bandcamp y YouTube y a un autor que desde hace tiempo desanda su camino bajo ideas de DIY, trabajo afectivo y una visión ética que genera la gasolina para siempre ir por una canción más, bien lejos de mercados musicales o engañosos preceptos de pegarla.

Este compendio de cuarenta y pico temas que conforman el soundtrack ideal para que lxs desajustadxs puedan sentirse menos solxs y sonreír por lo bajo mientras caminan hacia el yugo diario.

Estas creaciones de Jota son poesía para lxs inadaptadxs, que en nuestro tiempo y lugar, son una horda. Una banda de soñadorxs que flashean algo más que una vida de impuestos, prepagas, alquileres y plateas para la cancha.

En un mundo de Bullrichs, Bolsonaros y Granatas, una canción pop probablemente no pueda generar ningún cambio radical. Sería iluso pensar algo semejante. Sin embargo, canciones como las de Hombre de Color logran algo fundamental: hacernos sentir menos solxs, menos desunidxs y más cercanxs; nos hacen recordar nuestra condición de rotxs y descosidxs.

Si una pequeña canción de dos minutos te ayuda a atravesar todo el bajón cotidiano y volver a casa, un pequeño logro tomó lugar. Al final, hacer canciones que alegran el día constituye un pequeño acto heroico de resistencia. Y ahí está Hombre de Color, yendo por más, siempre de nuestro lado.


Nota por Lucas Canalda en Rapto

Hombre de color. Letras de canciones

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Hombre de Color es un paladín de zona oeste que se desenvuelve entre lo hogareño y el gris desvencijado de la Rosario lejana a las campañas electorales.

Su fecha de nacimiento oficial data de algún momento del 2014, como un alien lofi que aterrizó en Rosario y tuvo la necesidad urgente de compartir unos temas con cualquier terráqueo que esté dispuesto a prestar atención. En términos reales, la historia va más allá y data de treinta y seis años atrás, cuando el pequeño Jota nació en una casa con algunos discos y una guitarra familiar.

Pero este libro le pertenece a Hombre de Color, por eso mejor no desviarse del curso correspondiente.

Volviendo a sus canciones, podemos decir que cada una de ellas (más de cuarenta) habitan un plano donde lo íntimo se ralentiza mientras la mirada y el corazón hacen canciones mediante los dedos que rasguean en una guitarra algo castigada.

Lo entrañable encuentra otra velocidad en el cancionero de Hombre de Color. Sus canciones son postales abundantes que día a día nos rodean sin que nadie tome nota. Suceden a velocidad regular, a un ritmo promedio al que marchamos incapaces de rebelarnos. Ahí es donde Hombre de Color se vuelve irresistible y poderoso. Es un archivo sonoro que da fe sobre dos amantes que se toman de la mano entre fichines de gloria venida a menos. Es un pescador de momentos en vigilia constante por el instante perfecto.

Mientras todo el mundo se va a dormir, Hombre de Color no puede. Cuando finalmente logra conciliar el sueño, se hunde en sueños de venganza por esx chicx de Vietnam que lo hizo emocionar hasta las lágrimas. Es el último héroe en pie que pide acabar de una buena vez con la cerveza artesanal. Sabe que está noqueado y lleno de moretones, resistiendo, yendo contra la corriente, con la certeza que todo será difícil pero que no está solo, porque Adriana está a su lado. En su esquina también está el chino de su barrio, un amigue con el que siempre puede contar (al igual que la televisión dominguera, cuanto más nostálgica y ochentosa, mejor).

Tan desfachatado como certero en el uso de las palabras, se reconoce en Hombre de Color a un hit maker de lo cotidiano; un trovador perteneciente a un mundo ordinario, ocre y gris pero repleto de maravillas coloridas para quien sabe observarlas y hacerlas canción.


La edición del libro pone en perspectiva una discografía lofi desperdigada entre LPs, EPs, y simples distribuidos por Bandcamp y YouTube y a un autor que desde hace tiempo desanda su camino bajo ideas de DIY, trabajo afectivo y una visión ética que genera la gasolina para siempre ir por una canción más, bien lejos de mercados musicales o engañosos preceptos de pegarla.

Este compendio de cuarenta y pico temas que conforman el soundtrack ideal para que lxs desajustadxs puedan sentirse menos solxs y sonreír por lo bajo mientras caminan hacia el yugo diario.

Estas creaciones de Jota son poesía para lxs inadaptadxs, que en nuestro tiempo y lugar, son una horda. Una banda de soñadorxs que flashean algo más que una vida de impuestos, prepagas, alquileres y plateas para la cancha.

En un mundo de Bullrichs, Bolsonaros y Granatas, una canción pop probablemente no pueda generar ningún cambio radical. Sería iluso pensar algo semejante. Sin embargo, canciones como las de Hombre de Color logran algo fundamental: hacernos sentir menos solxs, menos desunidxs y más cercanxs; nos hacen recordar nuestra condición de rotxs y descosidxs.

Si una pequeña canción de dos minutos te ayuda a atravesar todo el bajón cotidiano y volver a casa, un pequeño logro tomó lugar. Al final, hacer canciones que alegran el día constituye un pequeño acto heroico de resistencia. Y ahí está Hombre de Color, yendo por más, siempre de nuestro lado.


Nota por Lucas Canalda en Rapto

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