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En la literatura y el cine, los viajes suelen ser el lugar donde ocurre alguna revelacion vital, pero afortunadamente esa clase de epifania no se da en este libro. En Diario chino, Santiago Loza llega a Shanghai despues de aos de espera y lo que encuentra, lejos del imperativo del asombro, es un territorio opaco. Una distancia entre lo que ve y lo que puede sentir, entre el cuerpo que viaja y la mente que no termina de llegar. El jet lag, el dolor fisico, la lengua ajena, la dificultad para orientarse. Todo en este libro conspira contra el mito del viaje como iluminacion. Pero ahi, en ese fosforo mojado que es, por momentos, la inmensa China, algo verdadero emerge. Lejos de construir una cronica de lo exotico, Santiago registra una experiencia mas incomoda y fertil: la de no poder capturar eso que sucede. Frente a una ciudad desbordante de estimulos, codificada de un modo casi ininteligible, la escritura se vuelve una de las pocas formas de mantenerse en eje. Con anotaciones fragmentarias, escenas minimas, un humor fino .como un alfiler que cae. y pensamientos huidizos que a veces incluso se corrigen a si mismos, Santiago se corre de la obligacion de sorprenderse ante el mundo en el que entra y se pone un objetivo bastante mas importante: sobrevivirlo. Diario chino es el relato de una llegada que no coincide con el arribo. La voz de un autor que viaja miles de kilometros para confirmar que el verdadero movimiento hace lo suyo en otra parte: en la zona incierta donde la experiencia todavia no tiene forma y donde la escritura intenta, a tientas, darsela.


Josefina Licitra

Diario chino - Santiago Loza

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En la literatura y el cine, los viajes suelen ser el lugar donde ocurre alguna revelacion vital, pero afortunadamente esa clase de epifania no se da en este libro. En Diario chino, Santiago Loza llega a Shanghai despues de aos de espera y lo que encuentra, lejos del imperativo del asombro, es un territorio opaco. Una distancia entre lo que ve y lo que puede sentir, entre el cuerpo que viaja y la mente que no termina de llegar. El jet lag, el dolor fisico, la lengua ajena, la dificultad para orientarse. Todo en este libro conspira contra el mito del viaje como iluminacion. Pero ahi, en ese fosforo mojado que es, por momentos, la inmensa China, algo verdadero emerge. Lejos de construir una cronica de lo exotico, Santiago registra una experiencia mas incomoda y fertil: la de no poder capturar eso que sucede. Frente a una ciudad desbordante de estimulos, codificada de un modo casi ininteligible, la escritura se vuelve una de las pocas formas de mantenerse en eje. Con anotaciones fragmentarias, escenas minimas, un humor fino .como un alfiler que cae. y pensamientos huidizos que a veces incluso se corrigen a si mismos, Santiago se corre de la obligacion de sorprenderse ante el mundo en el que entra y se pone un objetivo bastante mas importante: sobrevivirlo. Diario chino es el relato de una llegada que no coincide con el arribo. La voz de un autor que viaja miles de kilometros para confirmar que el verdadero movimiento hace lo suyo en otra parte: en la zona incierta donde la experiencia todavia no tiene forma y donde la escritura intenta, a tientas, darsela.


Josefina Licitra

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